Friday, May 7, 2010

¿Desarrollo a escala humana?


El destino de la humanidad es incierto. Hay tantas cosas que pueden cambiar con una puesta de sol y tantas cosas que pueden desaparecer con una orden de los altos mandos de cada país. Hay tanta tecnología, tantos aparatos para controlarnos y poder mejorarnos la vida y aún así el hombre no es feliz.

¿Por que no será feliz ese hombre? Es una discusión que puede no competerme a mi como estudiante de la comunicación, pues es más del orden metafísico, filosófico, sociológico, todo, menos comunicativo; no obstante, pienso que si puedo dar una respuesta por que soy ese hombre que no puede ser feliz. Creo que la respuesta a esta incertidumbre que es como un ocho, es el deseo y la necesidad.

Vivimos en un mundo irreal, un mundo de deseos; de necesidades creadas por el consumo, por los monopolios y por las fábricas de ideas y de productos. Vivimos un mundo idealizado donde las mujeres deben ser bellas y los niños deben ser buenos. No hay cabida para el término medio, ni hay cabida para los tibios, tampoco para los mal llamados mediocres o los que no tienen un pensamiento productivo. Creemos que el ser fructíferos y eficaces todo el tiempo es el ideal supremo y desconocemos muchas veces que somos como una semilla; una parte creadora que necesita ser incubada, que necesita ser creada con amor y no en masa y que necesita tener deseos reales y necesidades reales. Somos esclavos de nuestras necesidades.

Borges decía alguna vez:

“Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en el que el hombre sabe para siempre quién es.”

¿Y tenemos destino? ¿Qué es el destino? No hay destino. No puede haber destino. ¿Por que? Por que no hay conciencia, ni siquiera sabemos quienes somos, esa tarea no nos corresponde por que ya nos dijeron quienes somos desde la entrada al colegio. Pero, ¿por qué? Porque no pensamos distinto para no ser excluidos socialmente, porque nos aterra la idea de pensar que tenemos una obligación moral con el mundo… con nosotros mismos.

No quiero nunca pensar que mis necesidades se parecen a las de una persona a miles de kilómetros de distancia, que nunca se ha puesto a pensar para qué llega los misioneros a invadir a su comunidad, ni quiero pensar que las necesidades de un grupo nómada son las mismas necesidades de una ciudad. Nunca la necesidad es generalizada, nunca podemos pensar en ricos y pobres. Por que hay pobres de espíritu y ricos en vida. El paradigma economicista junto con el la concepción de que el crecimiento demográfico es malo, están matando con las generalidades de cada región. La gente sí necesita ayuda, pero no necesita ser igual a nadie. La justicia social no equivale a homogeneizar, no equivale a robar culturas, a fragmentar pueblos, no significa invertir. Significa redimir… redimirnos a cada uno de los esclavos del mundo de nuestra propia conciencia alienada, de nuestra necesidad de alzar los ojos a un ente protector que hace el papel de semidiós por que nos presta un dinero que nunca podremos pagar.

Nos comenta creencias mal instaladas en nuestra cultura que siempre nos harán caer en el mismo abismo. Debemos acabar con las concepciones arcaicas y darle paso a nuevas ideas que refresquen nuestros ideales y pensamientos.

La separatividad, el etnocentrismo, la eficiencia mecanicista son males que nos llevarán al fracaso, a la perdición, al desconocimiento del otro y por ultimo nos llevarán a la uniformizacion de la vida.

Hay otras opciones, otras miradas como la del desarrollo a escala humana que dignifican al ser humano, que desvirtúan el paradigma económico, dándole un valor menos comercial mas sensible a lo que es el desarrollo de los pueblos y las naciones, a través de la cooperación, el trabajo en equipo, la reciprocidad, la redistribución, los bienes comunes. Hay personas, que pueden cambiar el mundo, por que piensan en el ser primero que en el hacer, personas que se han sentado a indagar de manera muy informal lo que supuestamente, si sus individualidades salieran a flote no les incumbiría, pero que sí les preocupaba: ¿El hombre hacia donde va?

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